Escapadas de un día desde Bilbao, cinco maneras de leer el País Vasco
Bilbao tiene una virtud que no siempre aparece en las guías: casi todo lo esencial del País Vasco queda a menos de hora y media de sus calles. El mar bravo, los viñedos, la historia y la mejor barra de Europa esperan en un radio corto, y siempre con la certeza de volver a dormir a la ciudad.
Estas son las cinco escapadas que recomendamos desde el hotel, ordenadas por cercanía. Cada una cuenta un capítulo distinto del mismo territorio.
Getxo y el Puente Colgante: el mar a veinte minutos
La más cercana y, quizá por eso, la más olvidada. A 20 minutos de Bilbao, siguiendo la ría hasta su desembocadura, Getxo reúne villas de indianos, paseos junto al mar y el ambiente marinero del Puerto Viejo de Algorta, donde las cuadrillas siguen bajando a por rabas los domingos.
Su monumento mayor es el Puente de Vizcaya, el Puente Colgante, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y el primer transbordador de su clase en el mundo. Lleva más de un siglo cruzando personas sobre la ría en su barquilla suspendida, y sigue en servicio: cruzar en ella cuesta menos que un café y es uno de los pequeños ritos de esta costa. Otra vez el hierro de Bilbao, esta vez tendido sobre el agua.
Gernika: la memoria del País Vasco
A 35 minutos de la ciudad, Gernika es una visita breve en kilómetros y honda en significado. Aquí se reúnen las Juntas Generales de Bizkaia desde hace siglos, y bajo el Árbol de Gernika, en la Casa de Juntas, juraban los fueros los señores de Vizcaya. El bombardeo de 1937, que Picasso convirtió en el cuadro más citado del siglo XX, hizo de su nombre un símbolo universal.
Se visita en una mañana y se recuerda mucho más tiempo. Para quien quiere entender este territorio, y no solo verlo, es la escapada imprescindible.
San Juan de Gaztelugatxe: la costa en estado puro
A unos 45 minutos en coche, el islote de San Juan de Gaztelugatxe es la imagen más reconocible de la costa vasca: una ermita en lo alto de una roca, unida a tierra por un puente de piedra y un sendero de 241 escalones que serpentea sobre el Cantábrico. La tradición manda tocar la campana tres veces al llegar arriba; las vistas se encargan del resto. Dos consejos de la casa: en temporada alta conviene reservar la entrada gratuita con antelación, y la excursión gana mucho si se completa con los pueblos pesqueros cercanos, Bermeo y Bakio, donde el Cantábrico se sirve en la mesa.
Rioja Alavesa: el sur del vino
Cambiando el mar por el viñedo, a una hora hacia el sur espera la Rioja Alavesa: bodegas centenarias junto a arquitecturas de Gehry y Calatrava, y la villa medieval de Laguardia, construida sobre una red de calados subterráneos donde durante siglos durmió el vino. Es la gran escapada gastronómica desde Bilbao, y le hemos dedicado su propia guía con bodegas, tiempos y rutas.
Donostia-San Sebastián: la elegancia del Cantábrico
La más lejana del recorrido, a una hora y quince minutos, y probablemente la más célebre. San Sebastián despliega su bahía de La Concha como pocas ciudades saben hacerlo: playa urbana, arquitectura de veraneo aristocrático y una Parte Vieja cuya densidad de barras y estrellas Michelin no tiene rival en Europa.
Bilbao y Donostia llevan un siglo comparándose, y el viajero sale ganando con la disputa: son dos maneras distintas de ser vascas. Verlas ambas es entender la conversación.
Bilbao como base: la mejor página de inicio
Costa, memoria, vino, mar y mesa: cinco escapadas, cinco lecturas del mismo territorio, todas con regreso antes de la cena. Esa es la ventaja de dormir en Bilbao, y más aún en su centro: cada mañana se elige un capítulo distinto y cada noche la ciudad vuelve a estar ahí, con sus barras encendidas y la ría en calma.
Desde Tayko Bilbao, en pleno Casco Viejo, todas estas rutas empiezan en la puerta.
Tayko Bilbao. Le début de ton histoire dans la ville.