La temporada de traineras, cuando el trabajo se convirtió en deporte
Cada verano, la costa vasca ordena sus domingos alrededor de una embarcación de doce metros y trece personas. En Bilbao el fenómeno se entiende mejor si se empieza por el principio: durante siglos, llegar primero a puerto no daba una bandera. Daba un precio mejor.
El oficio antes que el cronómetro
La trainera debe su nombre a la traíña, la red con la que se pescaba la sardina y la anchoa en el Cantábrico. Era una barca de trabajo: salía a buscar el banco de pescado, cargaba y volvía a remo. Y volvía deprisa, porque la primera captura en llegar a la lonja era la que marcaba el precio de la jornada. La rivalidad entre puertos existía mucho antes de que existiera un reglamento.
Cuando el motor llegó a la pesca, la trainera perdió el oficio y conservó la rivalidad. Eso explica por qué una estropada, el nombre en euskera de la regata, se sigue viviendo como un asunto de barrio y de pueblo antes que como una competición deportiva. Lo que se defiende en el agua es una procedencia.
Trece personas y una boya
En la banca reman doce arraunlariak, los remeros, cada uno con un solo remo, sentados en bancos fijos. A ellos se suma la persona que patronea, de pie en la popa, que gobierna el timón y marca el ritmo con la voz. Trece en total. La embarcación mide alrededor de doce metros y el reglamento le fija un peso mínimo, de manera que la diferencia no la pone el material: la pone la sincronía. La distancia clásica de referencia son tres millas náuticas, algo más de cinco kilómetros y medio, aunque cada bandera adapta el recorrido a su bahía. La prueba se decide casi siempre en la ciaboga, el giro alrededor de la boya que cierra cada largo. Ahí la trainera casi se detiene, el agua deja de empujar y la tripulación tiene que arrancar de cero con el brazo ya cansado. Quien entra tercero en una ciaboga y sale primero, gana.
Si solo se puede mirar un instante de la regata, ese es el instante.
Cómo se lee el calendario
El remo de banco fijo se organiza en ligas. La principal en categoría masculina reúne a los clubes de referencia de Euskadi y Cantabria y concentra su temporada entre julio y septiembre; la liga femenina corre en paralelo, con el mismo calendario de fines de semana y el mismo mapa de puertos. Antes, en primavera, se rema en embarcaciones más pequeñas: batel y trainerilla, que son la escuela de todo lo demás.
La temporada se cierra en Donostia con la Bandera de la Concha, que se disputa los dos primeros domingos de septiembre y se decide por la suma de los tiempos de las dos jornadas. Se rema desde 1879 y sigue siendo la única bandera que cambia la biografía de una tripulación. Está a poco más de una hora de Bilbao, y merece el viaje de ida y vuelta en el día.
En la desembocadura, lo que aquí se llama El Abra, se disputan varias banderas a lo largo del verano. Es el escenario natural del remo en la margen izquierda y en la derecha, y el que permite ver una regata completa sin moverse del sitio.
Dónde mirar, y a qué hora
Portugalete y Santurtzi son la opción más directa desde el centro de Bilbao: el metro deja en el muelle en poco más de veinte minutos. Conviene llegar con antelación y colocarse cerca de la boya, no en la línea de llegada, porque el orden se rompe en el giro y no en la meta. Cuando las traineras ya han pasado, el final de la tarde en el Puerto Viejo de Santurtzi tiene su propia liturgia: sardina a la brasa y txakoli, el vino blanco de la zona, que se sirve fresco y con acidez alta precisamente para acompañar el pescado azul.
El Puente Bizkaia, el Puente Colgante, es el otro mirador que ningún plano recoge como tal. Es el transbordador más antiguo del mundo, en servicio desde 1893, y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2006. Cruzar en la barquilla entre Portugalete y Las Arenas dura minuto y medio y ofrece la única vista de la ría a la altura del agua, la misma que tiene una tripulación. Hazlo antes de la regata, mientras la lámina todavía está limpia de estelas.
En la margen derecha, el Puerto Viejo de Algorta funciona bien como continuación: se llega en metro por la línea que recorre la costa y sus tabernas encaladas conservan el trazado del antiguo barrio de pescadores, que es exactamente la gente que inventó todo esto.
La temporada se cierra en septiembre y las traineras vuelven a los cobertizos hasta el verano siguiente. Son unas pocas semanas al año, casi siempre en fin de semana y casi siempre al final de la tarde. Basta con estar en el muelle a la hora del giro y saber hacia dónde mirar.
Tayko Bilbao. El comienzo de tu relato en la ciudad.