TAYKO sevilla
El edificio
Un capítulo de 1928 en la Puerta de Jerez
Cada hotel Tayko empieza por un edificio con algo que contar. El de Sevilla se levanta en la Puerta de Jerez, el umbral por el que durante siglos se entró a la ciudad desde el río, con la Torre del Oro, el Real Alcázar y la Catedral como vecindario.
El edificio pertenece al entorno histórico de la antigua Casa de la Moneda, donde se acuñaba la plata que llegaba de América, y fue proyectado en 1928 por José Gómez Millán, uno de los grandes nombres de la arquitectura regionalista andaluza. Nació en el momento más ambicioso del Sevilla moderno: la transformación urbana de la Exposición Iberoamericana de 1929, la misma que dio a la ciudad la Plaza de España y el Parque de María Luisa. Este edificio y esos monumentos son hijos del mismo año y del mismo impulso.
Cada hotel Tayko empieza por un edificio con algo que contar. El de Sevilla se levanta en la Puerta de Jerez, el umbral por el que durante siglos se entró a la ciudad desde el río, con la Torre del Oro, el Real Alcázar y la Catedral como vecindario.
El edificio pertenece al entorno histórico de la antigua Casa de la Moneda, donde se acuñaba la plata que llegaba de América, y fue proyectado en 1928 por José Gómez Millán, uno de los grandes nombres de la arquitectura regionalista andaluza. Nació en el momento más ambicioso del Sevilla moderno: la transformación urbana de la Exposición Iberoamericana de 1929, la misma que dio a la ciudad la Plaza de España y el Parque de María Luisa. Este edificio y esos monumentos son hijos del mismo año y del mismo impulso.
El regionalismo fue la respuesta de Sevilla a la arquitectura de su tiempo: en lugar de importar estilos, reinterpretó los propios. Ladrillo visto, cerámica vidriada, balcones de forja, ornamento medido. Materiales que la ciudad llevaba siglos trabajando, puestos al servicio de una arquitectura nueva. Nuestro edificio conserva ese lenguaje en su fachada y en su porte, y por eso no interrumpe el paisaje monumental que lo rodea: habla el mismo idioma que la ciudad, porque se construyó con él.
El regionalismo fue la respuesta de Sevilla a la arquitectura de su tiempo: en lugar de importar estilos, reinterpretó los propios. Ladrillo visto, cerámica vidriada, balcones de forja, ornamento medido. Materiales que la ciudad llevaba siglos trabajando, puestos al servicio de una arquitectura nueva. Nuestro edificio conserva ese lenguaje en su fachada y en su porte, y por eso no interrumpe el paisaje monumental que lo rodea: habla el mismo idioma que la ciudad, porque se construyó con él.
Convertir el edificio en hotel fue, ante todo, un ejercicio de respeto por el ladrillo, la cerámica y la memoria de 1928. La restauración conservó la identidad arquitectónica original, la estructura, la fachada, los elementos que definen su carácter, e incorporó un interior contemporáneo, luminoso y sereno, pensado para el descanso y para dejar que el edificio siga siendo el protagonista. No inventamos nada: habitamos lo que ya estaba y lo contamos de nuevo. Es la manera Tayko de entender la hotelería, en Sevilla y en cada ciudad donde abrimos una puerta.
Desde sus ventanas y desde su puerta, el edificio explica la historia urbana de Sevilla mejor que cualquier plano: a un lado, el casco histórico y sus tres monumentos Patrimonio de la Humanidad; al otro, el Guadalquivir, el río por el que la ciudad fue capital del mundo. Alojarse aquí es ocupar ese cruce de caminos y leer la ciudad desde el punto en el que siempre se ha entrado a ella.
Convertir el edificio en hotel fue, ante todo, un ejercicio de respeto por el ladrillo, la cerámica y la memoria de 1928. La restauración conservó la identidad arquitectónica original, la estructura, la fachada, los elementos que definen su carácter, e incorporó un interior contemporáneo, luminoso y sereno, pensado para el descanso y para dejar que el edificio siga siendo el protagonista. No inventamos nada: habitamos lo que ya estaba y lo contamos de nuevo. Es la manera Tayko de entender la hotelería, en Sevilla y en cada ciudad donde abrimos una puerta.
Desde sus ventanas y desde su puerta, el edificio explica la historia urbana de Sevilla mejor que cualquier plano: a un lado, el casco histórico y sus tres monumentos Patrimonio de la Humanidad; al otro, el Guadalquivir, el río por el que la ciudad fue capital del mundo. Alojarse aquí es ocupar ese cruce de caminos y leer la ciudad desde el punto en el que siempre se ha entrado a ella.